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Ermita de San Roque


Villafranca del Cid / Vilafranca

Cuenta la tradición que en el año 1520, un hombre herido por la peste, que se había refugiado en una cueva no muy apartada de Vilafranca, formuló la solemne promesa de levantar una ermita a San Roque si le curaba del contagio. Parece ser que lo curó, porque la primitiva ermita fue construida cerca del “Barranc de la Fos” y del “Pou de la Llàmia”.

Este santo no sólo mostró a los vecinos de Vilafranca patrocinio en las pestes y las epidemias, sino que también les liberó de las plagas de la langosta. Por este motivo, se le nombró patrón de Vilafranca el día 29 de setiembre de 1688.

No obstante, tuvieron que pasar muchos años hasta que se predicó el sermón del santo por primera vez (año 1658) y se fue en procesión (1665) hasta la ermita. Porque no estaba emplazada en un lugar accesible para ser visitada frecuentemente, por la carencia de mayorales o por cualquier otra razón, se descuidó la conservación del edificio. Estas razones motivaron que se le construyera un nuevo templo y se dedicara el primitivo a Santa Bárbara.

El 10 de febrero de 1704 se determinó edificar una nueva ermita en el “peiró” de San Agustín, donde hoy está, en el denominado barrio de las Eras de San Roque.

Se trata de una ermita de esbelta silueta, muy alta, con un pórtico en la fachada principal, sobre el que se halla el coro. Robustos contrafuertes reciben los empujes laterales de los grandes muros y la techumbre. Internamente, consta de una sola nave con altar mayor, cuyos muros aparecen decorados con pinturas relativas al santo.

La ermita fue construida entre el año 1705 y 1726 y, si bien en apariencia muestra un robusto aspecto, lo cierto es que existen en su estructura bastantes grietas y deficiencias que le auguran un mal futuro si no se restaura urgentemente.

Frente a esta ermita, se levantó también el “peiró” de San Agustín o de San Roque, ahora desaparecido.

 


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